La increíble aventura de la fotografía bélica: “la maleta mexicana”

La increíble aventura de la fotografía bélica: “la maleta mexicana”

A muchos lectores, la rocambolesca aventura de una maleta (y por añadidura mexicana) les parecerá algo insólito o fuera de lugar, cuando de lo que se trata realmente es de dilucidar, de alguna manera, uno de los más increíbles archivos de fotografía bélica existente.

Por mi parte, las únicas maletas históricas de las que tenía referencia hasta la fecha eran: Una maleta, dos maletas, tres maletas (genial película de Louis de Funes que recomiendo a todo el mundo), El misterio de la maleta negra (otra película de mediados del s. XX) o la antigua serie El hombre del maletín. Por no hablar de una maleta mía que salió para otro destino, cuando mi destino era Nairobi (recuperada afortunadamente a los dos días). Pero en fin, esos son otros cantares y nos atendremos a la realidad.

La historia de “La Maleta Mexicana” (que bien podríamos escribir con mayúsculas) roza el enigma, lo irreal, lo imposible, ya que estamos hablando de un contenido documental fotográfico histórico considerado como uno de los más importantes del siglo XX.

En el deambular constante de esa famosa maleta durante 75 años intervinieron numerosos factores inevitables. El más importante: la Guerra Civil Española, seguido de la juventud de los tres fotógrafos protagonistas, la Segunda Guerra Mundial, la implacable persecución de los judíos por parte de los nazis, el beneplácito del franquismo hacia la causa del III Reich y, por último, la ocupación de ciertos territorios europeos por parte del ejercito alemán.

De hecho, se puede considerar que esa maleta era un verdadero polvorín para quién la tuviera mientras durara la II Guerra Mundial. Y eso, en el arte folclórico español/andaluz, tiene un símil en el eco de una canción –La Farsa Monea de Imperio Argentina– cuyo estribillo dice textualmente: “…tú serás como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguno se la queda…”. El épico y apasionante viaje, destierro y olvido de esa maleta, resalta, en su justo valor, la importancia de los carretes en ella contenidos ya que todos querían protegerla, algunos incluso, arriesgando sus propias vidas.

Fotografía bélica de Robert Capa - Una de las últimas fotos del miliciano Federico Borrell García con vida
Fotografía bélica de Robert Capa – Una de las últimas fotos del miliciano Federico Borrell García

Para muchos Robert Capa, húngaro y judío, era un perfecto desconocido en aquella fecha y habría seguido siéndolo a día de hoy, sin ese fabuloso reportaje fotográfico que realizó durante la Guerra Civil española, sobre los estragos y el éxodo de esa población aterrorizada en busca de la salvación en un interminable viaje hacia ninguna parte.

Al genio de Robert Capa, podemos añadir el de Gerda Taro -hija también de judíos polacos- la cual cubrió junto con Capa, parte de las fotografías de nuestra guerra fratricida. Fue la primera fotoperiodista mujer que cubrió un frente de guerra, estuvo en la batalla de Teruel y Brunete, falleciéndo en ese intento en Julio del 37 en El Escorial, con la edad de 27 años.

A esos dos temerarios reporteros tenemos que añadir al americano David Seymour, aunque nacido en Polonia (apodado “Chim”) también colaboraba con Capa y Gerda en sus expuestos reportajes en países en pie de guerra. Murió también en una de esas misiones en Suez, en el año 56 a los 47 años de edad.

Antes de que Alemania aplastara literalmente a Francia, Capa huyó de París dejando todos los clichés en mano de un compañero. Éste quería llevarlos a Burdeos en bicicleta, pero, encontrando un chileno por el camino, le entregó la maleta para que la llevará a la Embajada de su país con el fin de que no cayera en manos de los alemanes.

Más tarde aparece en la Embajada de México y finalmente es trasladada al Estado Federal de México donde duerme años tras años el sueño de los justos. Un día, por pura carambola, todo sale a la luz y se descubre el auténtico tesoro de fotografía bélica documental que el mundo desconocía por completo. A excepción de su hermano, quien anteriormente había tratado por todos los medios recuperar esos negativos que sabía existían.

Una fotografía bélica de Rober Capa que muestra a un miliciano en el momento de su muerte.
Fotografía bélica de Robert Capa – La muerte de un miliciano

Parte de ese asombroso archivo de fotografía bélica (de unos 4 ó 5.000 negativos, perfectamente ordenado, clasificado y documentado) fue expuesto en el Center of Photography de Nueva York, donde mas de 52 millones de personas pudieron ver la exposición. En ella, se pudieron localizar ciertos lugares -75 años después- y, curiosamente, una señora muy mayor supo reconocerse por ir sentada entre sus dos abuelos en un carro tirado por un caballo. En su reportaje, Capa habla de un niño de 4 años, pero 75 años después, se descubre que se trataba de una niña con poco más de año y medio.

Robert Capa muere con 42 años en Indochina cubriendo la Guerra de Vietnam, probablemente cerca de Bien Den Phu (paralelo 38) que los franceses no pudieron solventar. Fue corresponsal y fotoreportero de los más grandes conflictos bélicos del siglo XX. Estuvo en la guerra entre Árabes e Israelíes, la guerra sino-japonesa, la Segunda Guerra Mundial en África del Norte y Europa, el Desembarco de Normandía, la liberación de París y en la sangrienta batalla de las Ardenas.

Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour “Chim” fueron unos auténticos héroes y merecen por parte del gran público un gran respeto; por cuanto esos buscadores de riesgos, ahondando en una perfección dentro de lo que consideraban su trabajo cotidiano, entregaron sus vidas por su pasión, al margen de cualquier ideología política.

La foto de La muerte de un miliciano dio en su día la vuelta al mundo y es la cruda realidad de un realismo sin tapujos. En la primera toma se ve a un miliciano levantando su arma con un semblante sonriente y seguro de si mismo y en la segunda, ese mismo saldado, cayendo prácticamente muerto, alcanzado por las balas del enemigo. Este soldado, natural de Alcoy de 25 años de edad, se llamaba Federico Borrell García, y el crimen no fue en Granada como el de Federico García Lorca, sino que fue abatido en el famoso Cerro Muriano de la sierra cordobesa. Los expertos afirman que esa foto fue, y es a día de hoy, el icono de la Guerra Civil Española.

En la actualidad, y para confirmar la peligrosidad de semejante trabajo, sabemos que en lo que va de año han caído 17 profesionales (reporteros, fotógrafos o corresponsales) en diversos frentes.

 

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