Fotografiar lo cotidiano es un momento irrepetible

Fotografiar lo cotidiano es un momento irrepetible

Ángel Carrera Calero.- Un día, sin más, descubres que lo increíble estaba en todo lo que te rodeaba y no en lo que salías a buscar una y otra vez, cámara en mano. Te das cuenta de que mientras te preocupabas por inmortalizar momentos que considerabas irrepetibles -como tu viaje a Londres- olvidaste mirar a tu alrededor y fotografiar lo cotidiano. Es ahí cuando llegas a la conclusión de que aquello que considerabas normal, era el verdadero “momento irrepetible”, pero ya es demasiado tarde…

Yo viví ese fatídico día hace un par de años -tal vez tres- cuando fuimos parte de mi pequeña familia y yo a un lugar que dejé de pisar hace unos 40 años, pero que llevo en mi corazón como un estandarte al viento. Allí pasé las tres décadas más felices de mi vida, aunque tampoco me puedo quejar del resto. La realidad es que esos treinta años fueron los de toda mi juventud, mis juegos, mi escuela -parvulario, primaria y estudios superiores- mis primeras novias, así como mis primeros trabajos y grandes amigos. Obviamente también, me fui percatando de las grandes dificultades y trabas que te acechan “a mitad de camino”.

Fotografía en blanco y negro de un plano medio de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman
Fotografía de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman durante el rodaje de la película “Casablanca”

Volví a Casablanca, mi Casablanca, a la Casablanca que me vio crecer, pero ésta… ya no era la que yo tenía grabada en mi memoria. No se veían bicicletas, las vías estaban repletas de coches. Las calles también eran distintas, la mayoría de sus nombres ya no eran los mismos. Por otra parte, en 15 días no vi más de 10 europeos y en los bares ya no servían vino o cerveza (prohibidos a todo musulmán por el Corán).

Su Medina no desparejaba con la que conocí, sus zocos tampoco, sus fabulosas playas y la suave temperatura de un envidiable litoral costero seguían ahí… donde siempre soplaba la brisa marina, pero esas calles predilectas que patearon mil veces nuestros pies (de amigos y juegos de juventud) no parecían las mismas. Casablanca seguía siendo Casablanca, con su fabulosa Mezquita, su Bijdiha -ahora llamada Habbous– su Derb Ghalef, su Maarif, su stade Marcel Cerdan -ahora llamado Mohamed V- así como su famosa catedral. Todo eso y mucho más seguía allí, pero esa Casablanca ya no era la mía…

Esta pequeña historia, que yo llamaría “un retorno al pasado”, la uso para sugerir a todo artista –fotógrafo, pintor o escritor- que no olvide capturar su momento a través de la fotografía, pintura o escritura para que cuando éste se convierta en pasado, todo esté tal y como lo conoció. Por esa divina juventud de la que hablo, hemos pasado todos y luego, pasados los años será tarde para intentar plasmarla, demasiado tarde; sólo vivirá en tu mente, en tus recuerdos. Y, como dije al principio, son momentos irrepetibles… ¡Si los estás viviendo aprovéchalos y comienza a fotografiar lo cotidiano… no te arrepentirás!

 

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