Fotografía con Historia

El ser humano ve y plasma lo que han visto sus ojos, en eso consiste la fotografía prehistórica.  En épocas arcáicas, a partir del homo sapiens o tal vez muchísimo antes, el hombre, en su afán de comunicación con sus semejantes, ha querido “fotografíar” los animales, los ornamentos, las plantas, los cazadores con sus lanzas, los recolectores, la figura humana, las manos… de la única manera que podía hacerlo: pintando en la roca con elementos naturales.

De la misma forma en que nosotros pintamos con luz a través de nuestros equipos fotográficos, la fotografía prehistórica practicaba el arte de grabar con materiales líticos como cinceles de silex -siempre con herramientas más duras que la propia pared- moldeando figuras de bulto redondo así como bajos y altos relieves. Tenemos ejemplos patentes en cientos de lugares de todo el mundo. Las cuevas de Altamira, la cueva de Lescaux en Francia, las pinturas rupestres estilizadas de Alicante y un largo etcétera. Esos artistas son los verdaderos artesanos del pasado, son los inquietos labradores de lo que podríamos llamar los fotógrafos de antaño.

Fotografía en blanco y negro de una pintura rupestre de un bisonte plasmada en una pared de piedra
Imagen de una de las paredes de las Cuevas de Altamira

Gracias a ellos, a sus representaciones “fotográficas” vamos reconstruyendo la Historia de la Humanidad en sus múltiples facetas. Gracias a ellos sabemos que en Australia, por ejemplo, había canguros en épocas remotas o que el bisonte y el caballo poblaban Cantabria. Y que conste, que no pretendo con esto, quitar mérito a los estudiosos del tema: paleontólogos, arqueólogos, ni a todos los avances en favor de la ciencia, como el estudio del carbono 14 -que contribuye a situar en el tiempo esas pinturas rupestres o grabados y nos remonta a edades prehistóricas insospechadas.

El fotógrafo actual -ya lo he dicho anteriormente- ha de ser un consumado artista, y de hecho lo es, pero será también el crítico más grande de su propia obra. ¿Acaso no lo fueron esos precursores de la fotografía? Ante tanto anhelo y creatividad de valores escondidos -que hablan por medio de imágenes en la forma que sea- sólo podemos descubrirnos y dar las gracias a la fotografía en general, y la fotografía prehistórica en particular, por lo que han aportado y aportan, a la Historia de nuestra propia naturaleza.

 

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Con mi primer artículo El oficio de fotógrafo he querido entrar en el infinito y complicado mundo de la fotografía con historia, por la puerta trasera, discretamente y sin hacer mucho ruido. Porque dicho sea de paso, no me considero un fotógrafo consumado; pero sí procuro siempre buscar ángulos, poses, perspectivas o situaciones que hablen por sí solas. También sé, que eso y nada, es tres cuartos de lo mismo…

Si hablamos de fotografía en su estado puro, tenemos que remontarnos a unos 150 años atrás, pero si hablamos de los balbuceos iniciales, tenemos que hablar de más de cuatro siglos atrás. Dos elementos intervinieron en ese proceso: siendo el primero, el descubrimiento que el cloruro de plata ennegrece con la exposición a la luz; y el segundo, la cámara oscura, atribuida supuestamente a varios científicos (aunque Leonardo da Vinci a mediados del siglo XV da una descripción completa e ilustrada en sus manuscritos, sobre los efectos y funcionamiento de la cámara oscura).

Fotografía en blanco y negro del cadáver de Jesse James
Cadáver de Jesse James, después de que Robert Ford le asesinara con un disparo en la cabeza

¿Podemos parar ahí esa busqueda en el retroceso de este arte, a la vez tan antiguo y tan actual? Ciertamente no. Este ARTE desafía los límites, no de la gravedad, pero sí del tiempo, cuando sabemos que nos podemos permitir hablar de manera inequívoca del neolítico o del paleolítico en sus dos versiones, aunque por supuesto, en distintas formas de representación.

Gracias a esos primeros pasos de la fotografía -que podemos considerar hoy como actuales a pesar de pertenecer a un siglo o dos atrás- conocemos los rostros de personajes de leyenda como Jesse James, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Primo Carnera, Charles Darwin o  incluso el mismisimo Buffalo Bill; lo que no deja de ser un gran avance en esa gran carrera del conocimiento y del saber… donde participamos todos, desde los más remotos tiempos de la humanidad.

En este blog pretendo hacer un repaso de nuestra Historía, que es mucho más real y cercana gracias a nuestra fiel compañera: la fotografía.

 

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Este título proviene de la inspiración de Ana Ayuso en su libro que titula El Oficio de escritor. Retomo esas palabras porque bien analizado no podemos negar, que existe un genuino y auténtico parentesco, entre un escrito y una foto.

Veamos:  casi todo el mundo sabe escribir – casi todo el mundo sabe sacar una foto. Pero, ¿todos los que escriben son escritores?, ¿todos los que hacen una foto son auténticos fotógrafos o hablamos de seres humanos que actuán esporádicamente y en forma de parodia? Escribiendo… ¡¡¡ Sí !!!, pero, ¿qué escriben y de qué escriben? Con la foto pasa lo mismo. Una foto, que puede sacar un niño de 6 ó 14 años, no tiene nada que ver con el oficio de fotógrafo.

Para abrazar el oficio de fotógrafo se requiere tener unas cualidades muy personalizadas que no todo el mundo posée. El fotógrafo tiene que ser un soñador -pero sobre todo un consumado artista- tener una cultura general bastante buena, ser conocedor del gusto de sus semejantes, saber algo de la historia del arte y de la humanidad; tiene que tener grandes conocimientos del colorido y saber armonizar los mismos, de la perspectiva y del escorzo, de la fauna y la flora, del claro oscuro y saber utilizar el gran angular cuando la foto lo requiere. Pero, ante todo, el fotógrafo tiene que ser creativo, intuitivo y saber en todo momento qué es lo que realmente engancha y merece la pena ser plasmado para la posteridad en forma de recordatorio, de historia o de arte.

Fotografía en blanco y negro de una muchacha de espalda mirando por la ventana
Muchacha de espalda mirando por la ventana, por Salvador Dalí

Las obras pictóricas siguen el mismo camino. ¿No es acaso el simil de una fotografía hecha con pintura o acuarela, el preludio creativo de una obra de arte plasmada en un papel, un lienzo o un mural que poco antes era un trozo de papel, una tela o un muro en blanco? En esa nada, el arte ha creado su obra.

Tanto en literatura, pintura como en fotografía abundan infinidad de obras regulares, o por lo menos sin gran atractivo; pero las obras buenas que todo el mundo conoce y admira, son habas contadas, hechas o escritas por auténticos y minuciosos artesanos del arte.

Seguimos hablando de lo mismo: ARTE, ARTE Y ARTE. Lo demás son sucedáneos… y sus creadores ilusos idealistas.

 

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