El oficio de fotógrafo

El oficio de fotógrafo

Este título proviene de la inspiración de Ana Ayuso en su libro que titula El Oficio de escritor. Retomo esas palabras porque bien analizado no podemos negar, que existe un genuino y auténtico parentesco, entre un escrito y una foto.

Veamos:  casi todo el mundo sabe escribir – casi todo el mundo sabe sacar una foto. Pero, ¿todos los que escriben son escritores?, ¿todos los que hacen una foto son auténticos fotógrafos o hablamos de seres humanos que actuán esporádicamente y en forma de parodia? Escribiendo… ¡¡¡ Sí !!!, pero, ¿qué escriben y de qué escriben? Con la foto pasa lo mismo. Una foto, que puede sacar un niño de 6 ó 14 años, no tiene nada que ver con el oficio de fotógrafo.

Para abrazar el oficio de fotógrafo se requiere tener unas cualidades muy personalizadas que no todo el mundo posée. El fotógrafo tiene que ser un soñador -pero sobre todo un consumado artista- tener una cultura general bastante buena, ser conocedor del gusto de sus semejantes, saber algo de la historia del arte y de la humanidad; tiene que tener grandes conocimientos del colorido y saber armonizar los mismos, de la perspectiva y del escorzo, de la fauna y la flora, del claro oscuro y saber utilizar el gran angular cuando la foto lo requiere. Pero, ante todo, el fotógrafo tiene que ser creativo, intuitivo y saber en todo momento qué es lo que realmente engancha y merece la pena ser plasmado para la posteridad en forma de recordatorio, de historia o de arte.

Fotografía en blanco y negro de una muchacha de espalda mirando por la ventana
Muchacha de espalda mirando por la ventana, por Salvador Dalí

Las obras pictóricas siguen el mismo camino. ¿No es acaso el simil de una fotografía hecha con pintura o acuarela, el preludio creativo de una obra de arte plasmada en un papel, un lienzo o un mural que poco antes era un trozo de papel, una tela o un muro en blanco? En esa nada, el arte ha creado su obra.

Tanto en literatura, pintura como en fotografía abundan infinidad de obras regulares, o por lo menos sin gran atractivo; pero las obras buenas que todo el mundo conoce y admira, son habas contadas, hechas o escritas por auténticos y minuciosos artesanos del arte.

Seguimos hablando de lo mismo: ARTE, ARTE Y ARTE. Lo demás son sucedáneos… y sus creadores ilusos idealistas.

 

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